Celebrabamos ayer la fiesta de la Transfiguración del Señor, (Lc 9, 28b-36), en la que Jesús al notar el efecto que estaba causando el tema de su Pasión y Muerte, invita a los apostoles Santiago, Pedro y Juan quienes vivirían más de cerca los sufrimientos en el calvario del Señor, a contemplar su gloria y esplendor transfigurando su aspecto y sus vestiduras, esto con el fin que su fe no tambaleara ante la proximidad de su muerte, además experimentaron también la presencia de Moises y Elias en representación de la Ley y los Profetas y por ultimo, (porque lo mejor siempre queda de ultimo), escucharon la voz del Padre diciendo: "Este es mi Hijo, mi Elegido, escuchenlo a El".
Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas. Por eso, tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y después de haber vencido todo, manteneros firmes. (Efesios 6,12-13)