sábado, 28 de agosto de 2010

SAN AGUSTIN EJEMPLO DE CONVERSION

San Agustin es tal vez despues de San Pablo el ejemplo mas evidente de como es posible la conversión en el ser humano, el mismo relata en su libro "Confesiones" como se dió esa transformación que lo llevó a ser uno de los Santos más destacados, Padre y Doctor de la Iglesia Católica, fue durante 30 años Obispo de Hipona, hoy en en día Argelia, formidable escritor nos dejó como legado mas de cien titulos entre los más destacados están: Confesiones, Ciudad de Dios y Sobre la Trinidad, su  su vida nos enseña que a pesar de ser pecadores Dios nos ama y busca siempre nuestra conversión, a continuación transcribo apartes de la Audiencia General del Papa Benedicto XVI del pasado miercoles 25 de agosto de 2010:

"San Agustín fue un hombre que nunca vivió con superficialidad; la sed, la búsqueda inquieta y constante de la Verdad es una de las características de fondo de su existencia; pero no la de las “pseudo-verdades” incapaces de dar paz duradera al corazón, sino de esa Verdad que da sentido a la existencia y es la “morada” en la que el corazón encuentra serenidad y alegría.


El suyo, lo sabemos, no fue un camino fácil: creyó encontrar la Verdad en el prestigio, en la carrera, en la posesión de las cosas, en las voces que le prometían la felicidad inmediata; cometió errores, atravesó tristezas, afrontó fracasos, pero nunca se detuvo, nunca se contentó con lo que le daba solamente buscaba un indicio de luz; supo mirar en lo íntimo de sí mismo y se dio cuenta, como escribe en sus Confesiones, de que esa Verdad, ese Dios que buscaba con sus fuerzas era más íntimo a él que el mismo, había estado siempre a su lado, nunca le había abandonado, estaba a la espera de poder entrar de forma definitiva en su vida (cfr III, 6, 11; X, 27, 38).

Como decía comentando el reciente film sobre su vida, san Agustín comprendió, en su inquieta búsqueda, que no era él quien había encontrado la Verdad, sino que la propia Verdad, que es Dios, le persiguió y le encontró (cfr L´Osservatore Romano, jueves 4 de septiembre de 2009, p. 8). Romano Guardini, comentando un pasaje del capítulo tercero de las Confesiones, afirma: san Agustín comprendió que Dios es “gloria que nos pone de rodillas, bebida que extingue la sed, tesoro que hace felices. Él tuvo la pacificadora certeza de quien finalmente ha comprendido, pero también la bienaventuranza del amor que sabe: esto es todo y me basta” (Pensatori religiosi, Brescia 2001, p. 177).

Siempre en las Confesiones, en el Libro noveno, nuestro santo recoge un coloquio con su madre, santa Mónica. Es una escena muy hermosa: él y su madre están en Ostia, en un albergue, y desde la ventaba ven el cielo y el mar, y trascienden cielo y mar, y por un momento tocan el corazón de Dios en el silencio de las criaturas. Y aquí aparece una idea fundamental en el camino hacia la Verdad: las criaturas deben callar para que se produzca el silencio en el que Dios puede hablar. Esto es verdad también en nuestro tiempo: a veces se tiene una especie de miedo al silencio, del recogimiento, de pensar en los propios actos, en el sentido profundo de la propia vida, a menudo se prefiere vivir solo el momento fugaz, esperando que traiga felicidad duradera; se prefiere vivir, porque parece más fácil, con superficialidad, sin pensar; se tiene miedo de buscar la Verdad, o quizás se tiene miedo de que la Verdad nos encuentre, nos aferre y nos cambie la vida, como le sucedió a san Agustín".